Ser madre es horrible

¿Cuántas veces has querido hacerte el Hara-Kiri en estos años como madre?

Yo también… y es que a veces ser madre es horrible, por no decir una mierda.

La idea romantizada que tenemos de la maternidad, nuestras expectativas y que a las demás mujeres del mundo, parece que nunca les ocurre nada, hace que nos movamos entre la desesperación, la impotencia y la frustración…

Que lo comentas con la madre del cole que te cae simpática, pues chica que le suena a chino lo que le cuentas… que pides escucha empática a tu madre, pues ahí ya viene ella con sus frases motivacionales “esto es lo que hay” “y qué crees que me pasaba a mí con vosotros” “esto es lo que tiene tener hijos” … 

Y fíjate, que la gran mayoría, lo que quiere es que te sientas bien cuando te da su opinión…pero es que luego te vas al Instagram o al Facebook para pasar el rato, ¡y te confirma que el problema está contigo y no con los demás!

Ser madre es horrible muchas veces por según qué cosas: falta de tiempo, de sueño, de entendimiento en la pareja, por falta de apoyo en el trabajo, porque me debato entre mi yo personal y mi yo madre… y así tantas dudas y adversidades como madres en el mundo.

No me preguntes por qué nos cuesta tanto hablar de las sombras de la maternidad, pero intuyo que el sentirnos juzgadas y vistas con esos ojos de “vieja del visillo” nos acojona, y no es para menos…

Ya bastante tengo yo con lo que tengo, como para además, cargarme con lo que tú opinas sobre mí o mis hijos… e incluso a veces sobre mi relación de pareja.

Ser madre no es fácil, y la que te diga lo contrario es que no tiene hijos…

En mi modo “mater horribilis”, las nubes son igual de negras que las tuyas, pero seguro que piensas que yo no las tengo (“pero qué le va a costar si es coach”).

Esto es lo que nos han enseñado… la única que mete la pata soy yo… disimular el error o hacérselo ver al otro de manera poco compasiva es lo que mamamos.

¿Hay alguna forma de mejorar esta sensación? ¡Claro que sí!

El problema es que muchas veces o no sabemos, o no nos lo permitimos.

Pero yo te cuento a continuación, qué cosas puedes hacer para mejorar esta sensación si es muy continua.

Siempre se repite la misma situación y no sé qué hacer

Pues bien, aquí el problema es la posición que ocupas en ese problema.

¿Que qué es esto? 

Pues no es lo mismo ser la protagonista de un conflicto, que una mera espectadora…

Cuando ves a tu pareja o a otra madre que se va a estrellar y va sin ruedas y cuesta abajo lo ves fácil, se te ocurren mil maneras de solucionar y además desde la calma. 

Esto no es que seas una soberbia no… ¡es que tienes la suerte de verlo desde fuera!

Poder observar nuestro problema/conflicto desde una posición que no sea de protagonista nos ayuda a coger distancia y buscar soluciones más claras y constructivas.

No me siento feliz con lo que hago

Bien, aquí siempre hay dos bandos: madre que trabaja y siente que no ofrece presencia de calidad a sus peques VS madre que ha decidido criar en exclusiva y se da cuenta de que no le hace 100% feliz.

Tanto la una, como la otra, sienten culpa.

La culpa socialmente sirve para que te cargues y sientas que la has cagado sin vuelta atrás.

Pues bien, esto no es así. La culpa nos habla de que algo hay que cambiar, sin más, nos está avisando que debemos tomar acción en algún área de nuestra vida.

¿Cómo empezar?

  1. ¿Hay algo de esta situación que puedo cambiar/mejorar?
  2. ¿Realmente no puedo o no quiero?
  3. ¿Esto es algo que yo realmente creo, o pienso que si cambio los demás me juzgarán?

Estoy realmente desbordada

Aquí, si algo pesa, es las pocas opciones de las que disponemos a nivel personal para pedir ayuda…

Si si…como nos han dicho esa frase motivacional tan extendida de “esto es lo que hay”, cómo voy a ser la única que no sepa salir de mi mierdocha…

Pues mira, no saberlo todo es un privilegio, porque siempre te das espacio para aprender algo… sobre ti o sobre los demás.

Cuando realmente vivimos situaciones en las que nuestros recursos personales se ven penalizados, es NECESARIO pedir ayuda.

Lo contrario es cavar tu propia tumba.

¿Y con ayuda quiero decir un profesional? 

Pues a veces sí y a veces no.

Dependerá de lo que esté necesitando, por lo que la pregunta estrella en estas situaciones es esta:

¿Qué necesito yo?

¿Necesito escucha? ¿Necesito descanso? ¿Necesito conexión o desconexión? ¿QUÉ NECESITO YO?

Y pide ayuda, de alguien de tu confianza, de un profesional… pero no te quedes sola con tu marrón.

Eso tan solo te va a ofrecer más cansancio emocional y físico.

Confía en ti, en que podrás solucionarlo, tan solo, ahora, no sabes cómo.

Porque si, ser madre es horrible, pero tan solo a ratos. Si el disfrute no te acompaña, date la oportunidad de encontrar la manera de vivir la maternidad y no sobrevivirla.

Espero que esta entrada te haya sido útil, y si te apetece comentarlo siéntete libre cual mariposa de mi logo, con su capacidad de transformación.

Un abrazote!!

Indira Veloso

Indira Veloso

Coach de Familia

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